sábado 28 de octubre de 2006

Leyenda de una criatura de isla

Cuenta la leyenda que una criatura de isla, con tendencia a la melancolía y con más sueños que realidades en su cabeza, quiso un día cruzar el océano soñado. La criatura sentía una atracción por todo lo que viniera del mar, incluido los marineros, las puestas de sol, y las gaviotas.
Pero aquel marinero no venía del mar sino de las montañas. El capitán y la marítima mitómana tuvieron un romance, efímero y convulso como las aguas de ese mar, que al acercarles sólo pudo separarles más.
Desde entonces, los dioses hicieron pública una verdad tan grande como el mar. Nunca serán felices una criatura como ésta, con pretensiones que estén fuera de la tierra y sueños escurridizos; y un hombre de las azules aguas nacido entre montañas, pero con las ideas claras desde que nació. Porque sus mundos son distintos, sus destinos se cruzan separados, y nada podría torcer la voluntad divina.
Desde entonces la tan soñante criatura sigue y seguirá amando el mar, añorará la tierra desde la que un día partió, y buscará el amor de un marino valiente, sin tenerlo. Será condenada a vivir entre montañas, y la soledad le colmará las noches de insomnio.
A aquel que tuvo la fuerza de cambiar su verde paisaje, por uno azul intenso, pero fue siempre fiel a él; le será concedida la suerte de dormir con las olas, ver las puestas de sol más sublimes y tener compañía de gaviotas. Y aunque él, escéptico y solitario, no lo crea: un día encontrará el amor de alguna criatura menos rara que la infeliz traidora.