sábado 28 de octubre de 2006

¿Tendrás tiempo? (Retrato de una mujer y su soledad).

Marta hace lo que sea por tener companía. A ella le gusta que le pongan los rolos, y que se los quiten. Va al baño tantas veces que su esfinter se cansa de intentar lo imposible. Se come más manzanas de las que debiera, sólo porque alguien venga y se las pele. Pide que le corten las uñas de pies y manos. Y reserva turno para el peluquero cada semana.
¡Maldita soledad que nunca la abandona!. La lleva pegada al rostro. Es ella la que pela sus manzanas cuando no hay nadie cerca. Es ella la que le juega malas pasadas a su esfinter. ¿pero por qué, si acabo de ir justo ahora al lavabo?.
Marta vive en un hogar de ancianos. Tiene su propio apartamento, un espacio cómodo, bonito y funcional, pero al que le falta vida. Nadie con quien hablar, comentar la tele, salir a dar una vuelta y tomar el aire. ¡Es duro! Nunca se imagina uno algo así, cuando se es joven.
Por supuesto que ella tiene su familia, pero no tienen tiempo de venir de visita tan a menudo. Sus dos hijos y varios nietos, tienen su propia vida, su trabajo, sus amigos. Una vez al mes vienen a verla. Y es tan bonito recibir flores y chucherias. Pero se va el tiempo tan rápido…Una media hora y ya todos desparacen. Nunca se acuerda de lo que les queria contar. Tan pronto se han marchado le viene todo a la mente. La próxima visita se le olvida todo otra vez.
Hace treinta años trabajaba en un pequeño comercio cerca de casa. Allí se vendían bebidas y licores. Siempre estaba rodeada de gente, mucho movimiento diario. ¡Qué de clientes!. Algunos viejos borrachines del barrio, que siempre eran amables y la trataban con respeto. Ella se sentía alguien, ellos le hacían sentir importante.
Después del trabajo volvía a casa, por el camino que bordeaba la playa. ¡Qué olor el del mar! ¡Qué maravilla, qué suerte la de ella!, pensaba. Tendrían que haber visto qué bella casa tenía con vistas al mar, allí en Högänas. Ademas tenía el jardín más hermoso de todo el barrio. Se dedicaba a ello con tanta pasión, que no habia mayor recompensa que los cumplidos de los vecinos al pasar.
En casa siempre habia invitados. Ella se jactaba de ser una maravillosa cocinera. ¡Y lo era!. Ahora se cuestiona si los huéspedes venían por su comida o por su compañía. Porque si fuera lo segundo, ¿por qué ya nadie viene a vistarla?. ¡Qué tonterias piensa! La única verdad es que la mayoría de sus conocidos ya se han ido. Como su marido que tuvo suerte y se murió a tiempo, y se libró de mudarse a este infierno. A veces nuestro destino nos traiciona a nosotros mismos. ¡Así es la vida!.
Cuando llego a repartir su medicina, siempre me dice la señora: ¿Tendrás tiempo?. Es eso precisamente lo que no tengo, ella sabe cómo es mi trabajo. De todas formas, procuro quedarme un rato. Ella quiere cualquier cosa, lo sé, pero ¿qué mas dá?. Por ejemplo, esta noche me pide su habitual copita de Martini.
Cuando ya he cerrado la puerta, tengo sólo una pregunta recurrente en la mente: ¿Tiempo para qué?. Lo que realmente quiere Marta es echar a patadas a esa intrusa inoportuna. Pero la soledad, esa persistente y nunca deseada visitante, no se quiere ir de su lado, por más que cada dia lo intente y le espante con todas sus fuerzas.