domingo 12 de noviembre de 2006

Epílogo verdadero:

Nunca más volvieron a verse. Salvo la noche del baile, en que fueron por un instante príncipe y doncella; y un soñador con alma de poeta les vio desde lejos.
La relación fue más que formal. Tomaron un par de copas, hablaron de temas generales, y poco más. A ella le pareció inteligente, o quiso verlo así. Al él le pareció una chica común y corriente, o no estaba de ánimos para verla de otra manera. Al pobre del poeta, le pareció que hacían una bonita pareja. Ella quiso volver a verlo, él no estaba para eso. Fue entonces cuando el narrador melancólico se inventó aquella sarta de mentiras, y nos contó la típica historia con final feliz, pues la verdad le pareció tan triste, tan triste..., que quiso consolarse mintiendo.
Desde aquel día, a todos nos parece más de lo que vemos, y todos mentimos un poco cada vez que hacemos el cuento. Y de mentira en mentira, nos consolamos todos.