A ventanas abiertas duerme el marinero,
toda la casa es una enorme barca.
Se cuela por ellas el mar, y le respira.
Más que dormir, sueña delirante,
cada noche volver a izar las velas,
zarpar,
partir,
surcar,
vivir,
... la mar.
Cuenta las olas, como el pastor ovejas.
Y las noches de insomnio,
son días que la tierra roba al mar.
Y es que la tierra no fue nunca para él,
prefiere las olas, meciéndole.
El azulísimo cielo confundirse,
con el azul intenso de los mares.
Siempre estará de paso, nada le ata.
Porque no hay ancla que sea tan fuerte,
para quedarse con nada ni con nadie.
Todo lo tiene y ¿a qué renunciar?,
Un hogar: el océano;
Una familia: en cada compañero;
Un suspiro: la brisa;
Una música: el viento;
Un sueño: nuevo puerto;
Un amor: su trabajo;
Una novia: la mar ;
Y una vida: El silencio.
Dichoso es,
Le felicito y le envidio,
El viejo lobo de mar está feliz.
Y yo...
que cambio toda mi soledad,
por un poco de mar.
domingo 12 de noviembre de 2006
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