Milán Kundera: La soportable no levedad de un ser y la grandeza de un escritor.
Aún está vivo, me gustaría conocerlo. No quisiera que se me escapara la otra K de Bohemia. Dos grandes K han nacido en tierras checas: Franz Kafka, ese escritor descomunal, insomne, huesudo, con una inteligencia narrativa tan grande como sus frustraciones personales y sentimentales. Y Milán Kundera, tan inteligente como exquisito, tan lejano como cerca le sientes en sus libros.
¿Es Kundera un escritor de culto?. Culto es, y versátil, sutilísimo, con ese toque sarcástico-filosófico, que es un sello que imprime desde la primera cuartilla a cualquier obra suya. En realidad, esta K nació cerca de Praga, en Brno, pero vivió mucho tiempo allí donde la otra. Milán es europeo pero es checo, chequísimo, como los grandes checos, (no olvidemos al poeta Rilke, otro grande de por esos lares). Aunque él siempre prefiere ser bohemio, un gentilicio que luego adoptó una acepción diferente, pero que aún usan los checos para sí mismos, con todo derecho.
Un escritor que se pone a sí mismo de personaje, con nombre y apellidos, o a veces con referencias a su obra ya escrita, o hasta con el nombre con el que le llaman cariñosamente su mujer y su madre: MILANKU; es alguien cercano, familiar, que te trata como a un cómplice o un amigo, que te deja entrar en su mundo.
Pero, ojo: su mundo es todo un universo de conocimientos, pasando por referencias históricas bien documentadas, amplios recorridos por la literatura universal y las artes en general. Mención especial para su pasión por la música, reflexiones filosóficas, y una cuidadosa autopsia del alma humana. Nuestras miserias, sobre todo, se someten al bisturí literario de un cirujano de lujo. A veces, tórnase carnicero que descuartiza con zarpazos impíos. Otras, meticuloso y con bondades de curandero viejo y experimentado, no tiene más que abrir con mano firme un orificio, y asoma toda ella, emerge de su pluma, la humanidad entera.
Los personajes de Milán Kundera son complejos, contradictorios, y poderosamente humanos. Muchas veces sentimos que somos nosotros mismos a quienes aquí se describe. Podría ser que te veas en aquel jefe impertinente y canalla, aquella chica que nos asedia, la esposa fiel o infiel, el amigo cercano o traidor.
En fin, de esta cabeza cana sale la realidad a borbotones, y como manda el canon de la novela, te los crees aunque a veces te resistas. Defensor acérrimo de la novela, su tradición y su historia, se declara cervantino, rabelesiano, algo menos balzaquiano, y kafkiano, pero sin gustarle el calificativo.
Milán te enamora desde la primera cuartilla. Con ese sentimiento de amor-odio que escuché decir a una escritora catalana: Mercedes, (de quien, sólo recuerdo su nombre, y su teoría, que ya es bastante para que no digan que le copio). Mercedes cuenta que cada vez que lee algo suyo le pasa lo mismo. Le siente tan arrogante, tan desde el podium, apuntando con el dedo a los demás, que ella acaba por odiarlo, pero que luego le ama como un hijo prodigo de la novela que es y somos todos.
Por eso, el lector de Milán se jura a sí mismo que no volverá a leer un libro suyo, que ya está bien de sermones, de alardes de cultura universal, de hurgar en su propia y miserable humanidad. Y otra vez el mentiroso y fiel lector claudica, baja banderas y persigue por las estanterías la letra K, (que siempre está rodeada de otras delicias), y se lleva dos de golpe.
domingo 12 de noviembre de 2006
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