NOCTURNO DE LA CIUDAD
Rosario de guirnaldas, la ciudad,
en las aciagas noches,
luce su mejor vestido.
Se sacude con el habitual
estallido de las nueve horas.
Y como para recordar a los piratas y corsarios
que nada ha cambiado;
La verás erguirse sobre cada cañón,
aunque la farsa perpetuada,
dure solo un instante.
El suficiente para que el corsario
se estremezca ante el miedo y la rabia,
del que toma lo que no es suyo.
Y corra a refugiarse en cualquier madriguera,
lupanar o rincón, de la bohemia ciudad.
Y emborrache su alma,
con buen vino y mujeres,
como todo pirata.
Mañana, despertaremos con menos inocencia,
y volverá, como a cada novena hora de la noche,
el recuerdo, azotando,
otra vez, la conciencia.


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