miércoles 8 de noviembre de 2006

UNA ORACIÓN POR EL ABUELO

Y el abuelo de los sueños incontables,
de las grandes empresas,
y el derroche de optimismo,
¿dónde está?

Y el abuelo, que amaba la alegría,
que no puso reparos
en agotar su cuota de esperanzas,
y fabricarnos quimeras, tras quimeras,
¿a dónde ha ido a parar?.

Si hay Dios, si es que todo lo puedes:
Donde quiera que esté,
consuela sus tristezas,
su errante vagar por la eternidad.
Alienta las ilusiones que ha llevado consigo,
tan perdurables, como el amor que siempre nos tuvo.

Concédeme la fuerza, para que mientras viva,
no olvide su mirada,
su voz inextinguible,
su pródiga ternura, para con los demás.

Dame latente su recuerdo,
para que después de muerta,
no olvide que hay una sonrisa,
capaz de vencer, la peor de las angustias.