sábado 28 de octubre de 2006

LA VERDAD DE LAS COSAS

A Cenicienta, la verdad, no le gustaba estar todo el día entre el polvo y la suciedad, sobre todo porque era alérgica, y aquella coriza no la abandonaba nunca, ni siquiera en la noche del baile. Por eso, cuando el hada madrina le habló del tema, sintió un poco de miedo, pero estaba ya convencida de que debía procurarse una forma de salir de todo aquello. ¡Y no era para menos!, ¿A quién le iba a agradar estar entre aquellas brujas?, gritándole y maltratándola a cada error suyo. ¡Y para colmo!, después de estar todo el día cocinando, sacudiendo y limpiando entre estornudos, tener que irse a dormir al húmedo y frío desván, por eso cada mañana amanecía peor del asma.
El hada le habló claro desde el principio, le dijo que no era fácil conseguir un príncipe, pues no se haya uno a la vuelta de la esquina como en los cuentos. Y mucho menos uno que consiguiera juntar tantas virtudes, porque lo más común es que el que es apuesto, no sea inteligente, o el que tenga oro y buen castillo, no tenga ni cuerpo ni cara con que llenar tan bellos trajes.
Tuvo que pasar noches enteras aprendiendo a andar con elegancia, y a caminar con zapatos de cristal, ¡que es lo más difícil!, porque no en balde al salir del palacio, las escaleras le traicionaron, y largó uno de ellos, además de torcerse un pie, lo cual no aparece en el cuento, nadie sabe por qué.
Hasta que el día fijado por las dos, y como dice la historia: en una calabaza, único detalle auténtico del cuento, pues de verdad las hadas de la época no poseían otros medios de transportación, ella se fue dispuesta a todo al baile de su suerte, con un traje que siempre había deseado vestir y los zapatos de ensueño que veía en las vidrieras y nunca pudo tener. Por eso se le notaba aquella extraña sonrisa en el rostro, como de ... anhelo recién cumplido ... al fin.
Ella estaba feliz, y su buen ánimo también le ayudó, todo el que la invitó a bailar fue complacido, y para todos tuvo sonrisas y cara de doncella en busca de compromiso nupcial, hasta que llegó el que el hada con un guiño de ojos le tenía reservado, y con éste se esmeró en atenciones. Nada de amor a primera vista, sino mesura y premeditación, buenas maneras aprendidas y muchos, muchos deseos de terminar con la angustiosa crisis de asma y coriza que ya le empezaba, a causa del mucho perfume que le pusiera el hada en las mejillas antes de salir, aquel desván al que no quería regresar, y el plumero que ya no podía ni ver un día más.
Con todo en la mente, no reparó en el príncipe que era de verdad más que apuesto, y que hablaba con soltura, elegancia e inteligencia, algo poco común en los de la sala, y a quien el traje le sentaba muy bien.
Sólo después, cuando se inició aquella campaña por todo el pueblo en busca del otro zapato y de su dueña, lo cual fue otra suerte, porque ésta era la medida estándar de las jóvenes de la época y a cualquiera pudo haberle servido antes de llegar a ella; se fijó más en los ojos del joven y en la manera de actuar como todo un caballero, y esto le gustó, sin que pueda decirse que fuera amor, y sí, el comienzo de una atracción a causa de tan limpia y penetrante mirada, mientras le probaba el zapato. Y de sus dedos, le estremeció aquella caricia mínima, que nadie advirtió, sólo ella, por debajo de las plantas, y que le llegó a las mejillas convertida en rubor, lo que si puede haber sido el germen de lo que sintió después.
Cuando le besó en medio de todos y del asombro de las brujas, a quienes casi revienta de envidias, y le tomó del brazo pasando por toda la plaza pública hasta llegar a palacio, donde los guardas y criados le esperaban con ceremonial reverencia, y convocó al silencio para anunciar que la tomaría por esposa, entonces, ya estaba profundamente rendida de amor. Concuerdan pues, el final de esta historia y aquella cuando dice: " y los dos se casaron y fueron muy felices”, porque al fin y al cabo, no hay historia de niños que no termine igual.

jueves 14 de mayo, 1998

Leyenda de una criatura de isla

Cuenta la leyenda que una criatura de isla, con tendencia a la melancolía y con más sueños que realidades en su cabeza, quiso un día cruzar el océano soñado. La criatura sentía una atracción por todo lo que viniera del mar, incluido los marineros, las puestas de sol, y las gaviotas.
Pero aquel marinero no venía del mar sino de las montañas. El capitán y la marítima mitómana tuvieron un romance, efímero y convulso como las aguas de ese mar, que al acercarles sólo pudo separarles más.
Desde entonces, los dioses hicieron pública una verdad tan grande como el mar. Nunca serán felices una criatura como ésta, con pretensiones que estén fuera de la tierra y sueños escurridizos; y un hombre de las azules aguas nacido entre montañas, pero con las ideas claras desde que nació. Porque sus mundos son distintos, sus destinos se cruzan separados, y nada podría torcer la voluntad divina.
Desde entonces la tan soñante criatura sigue y seguirá amando el mar, añorará la tierra desde la que un día partió, y buscará el amor de un marino valiente, sin tenerlo. Será condenada a vivir entre montañas, y la soledad le colmará las noches de insomnio.
A aquel que tuvo la fuerza de cambiar su verde paisaje, por uno azul intenso, pero fue siempre fiel a él; le será concedida la suerte de dormir con las olas, ver las puestas de sol más sublimes y tener compañía de gaviotas. Y aunque él, escéptico y solitario, no lo crea: un día encontrará el amor de alguna criatura menos rara que la infeliz traidora.

CONSEJOS PARA EL QUE VA POR UNA CUIDAD QUE NO ES LA SUYA Y SE SIENTE SOLO.

Pasear por una ciudad que no te pertenece, tiene sus encantos y sus mañas. La gente es como es, es diferente, no trates de cambiarla.
Pero las calles, los muros, los conocidos arcos del triunfo, tienen un historia común, sudores y sangres de la misma composición que la tuya recuerdos que más o menos se parecen.
Los bares son también lo mismo. Si te pides un té, un cortado, o simplemente un café, será igual estés donde estés, y hasta te cobraran casi lo mismo, al cambio por supuesto.
Los parques y las plazas serán gemelos de los de tu ciudad, respiraras un aire parecido, sonreirán los niños como siempre, los perros liaran lo suyo en los árboles, las aves revolotearan a tu alrededor, y los abuelos entre distraídos y absortos, vetan correr a los nietos, sostendrán en una mano la correa del perro, e intentarán dar de comer a las palomas con un poco de arroz y de nostalgia en la otra mano.
Si buscas el mar, verás la gran masa azul, tan insondable y perenne desde que el mundo es mundo. No hallaras nada distinto, el inmenso mar es eso, la vieja composición de hidrogeno y oxigeno combinados dos a uno, que estará quieta o voluble según el día, fría o cálida según el tiempo, y esto es así en todos los mares y todas las ciudades.
Resumiendo, nada cambia, también tú eres el mismo, digas lo que digas, hagas lo que hagas, vengas de donde vengas. Y de nada te sirve querer estar en La Habana o en cualquier otro sitio porque estás en Barcelona y eres, uno más entre la gente.

ASIA ESTA JUGANDO AL FUTURO.

Hoy he visto una niña preciosa dentro de la tienda. Estaba jugando con su padre a que ella era su madre. Me ha encantado ver aquella pequeña, por entre las perchas, gritando:
- Hijo, hijo mío, ¿donde estás?
Su padre le daba rienda suelta, y se escondía risueño para gritar detrás de una camisa.
- Acá estoy mamá, que momento he pasado, no te encontraba.
La niña tenia ojos azules y pelo rubio, una piel blanca y carita de ángel, pero además de tan bella apariencia, lo mejor era su nombre. Su padre le llamó:
- Asia, “cha” está bien, dejá de jugar.
Es un nombre precioso y he querido conocerla; por el acento de su padre, intenté la pregunta:
- ¿Asia, eres argentina?, yo soy cubana.
- No – ha dicho su padre – “cho” soy argentino, su madre es catalana y ella....
- Y yo soy normal – gritó ella, cortando aquella lista tonta de nacionalidades.
Parece que decir de donde éramos todos, le pareció sin sentido, “anormal”, a una niña como ella, con nombre tan genial, con sangre transatláclica e intercontinental, y mente extemporánea, que jugaba a ser la madre de su padre entre perchas de ropa.
- Sí, - le dije – tú eres normal, los anormales somos los demás.
Pensé en estos momentos y otros terribles de la historia, en que los hombres se matan entre sí a nacionalismo absurdo y limpiezas étnicas, que no sé a donde nos llevarán.
Pensé en los niños de ahora, niños como Asia, hijos de padres tan diferentes, nacidos en países donde han sido empujados, o asentados voluntariamente por este fenómeno del siglo XX que llaman globalización, que hablan tantos idiomas y no tienen claro de donde son y solo quieren ser “normales”.
Y pensé también, en que cuando sean padres, o madres, como en el juego inocente de Asia, tal vez no puedan arremeter contra otras naciones, porque la sangre de sus venas se sentiría traicionada.
Y a pesar de tanta guerra y tanto conflicto de hoy, quise consolarme y pensar en un futuro mejor, en una patria de todos, en un mundo en paz, y en individuos “normales”, poblándolo.

¿Tendrás tiempo? (Retrato de una mujer y su soledad).

Marta hace lo que sea por tener companía. A ella le gusta que le pongan los rolos, y que se los quiten. Va al baño tantas veces que su esfinter se cansa de intentar lo imposible. Se come más manzanas de las que debiera, sólo porque alguien venga y se las pele. Pide que le corten las uñas de pies y manos. Y reserva turno para el peluquero cada semana.
¡Maldita soledad que nunca la abandona!. La lleva pegada al rostro. Es ella la que pela sus manzanas cuando no hay nadie cerca. Es ella la que le juega malas pasadas a su esfinter. ¿pero por qué, si acabo de ir justo ahora al lavabo?.
Marta vive en un hogar de ancianos. Tiene su propio apartamento, un espacio cómodo, bonito y funcional, pero al que le falta vida. Nadie con quien hablar, comentar la tele, salir a dar una vuelta y tomar el aire. ¡Es duro! Nunca se imagina uno algo así, cuando se es joven.
Por supuesto que ella tiene su familia, pero no tienen tiempo de venir de visita tan a menudo. Sus dos hijos y varios nietos, tienen su propia vida, su trabajo, sus amigos. Una vez al mes vienen a verla. Y es tan bonito recibir flores y chucherias. Pero se va el tiempo tan rápido…Una media hora y ya todos desparacen. Nunca se acuerda de lo que les queria contar. Tan pronto se han marchado le viene todo a la mente. La próxima visita se le olvida todo otra vez.
Hace treinta años trabajaba en un pequeño comercio cerca de casa. Allí se vendían bebidas y licores. Siempre estaba rodeada de gente, mucho movimiento diario. ¡Qué de clientes!. Algunos viejos borrachines del barrio, que siempre eran amables y la trataban con respeto. Ella se sentía alguien, ellos le hacían sentir importante.
Después del trabajo volvía a casa, por el camino que bordeaba la playa. ¡Qué olor el del mar! ¡Qué maravilla, qué suerte la de ella!, pensaba. Tendrían que haber visto qué bella casa tenía con vistas al mar, allí en Högänas. Ademas tenía el jardín más hermoso de todo el barrio. Se dedicaba a ello con tanta pasión, que no habia mayor recompensa que los cumplidos de los vecinos al pasar.
En casa siempre habia invitados. Ella se jactaba de ser una maravillosa cocinera. ¡Y lo era!. Ahora se cuestiona si los huéspedes venían por su comida o por su compañía. Porque si fuera lo segundo, ¿por qué ya nadie viene a vistarla?. ¡Qué tonterias piensa! La única verdad es que la mayoría de sus conocidos ya se han ido. Como su marido que tuvo suerte y se murió a tiempo, y se libró de mudarse a este infierno. A veces nuestro destino nos traiciona a nosotros mismos. ¡Así es la vida!.
Cuando llego a repartir su medicina, siempre me dice la señora: ¿Tendrás tiempo?. Es eso precisamente lo que no tengo, ella sabe cómo es mi trabajo. De todas formas, procuro quedarme un rato. Ella quiere cualquier cosa, lo sé, pero ¿qué mas dá?. Por ejemplo, esta noche me pide su habitual copita de Martini.
Cuando ya he cerrado la puerta, tengo sólo una pregunta recurrente en la mente: ¿Tiempo para qué?. Lo que realmente quiere Marta es echar a patadas a esa intrusa inoportuna. Pero la soledad, esa persistente y nunca deseada visitante, no se quiere ir de su lado, por más que cada dia lo intente y le espante con todas sus fuerzas.

sábado 21 de octubre de 2006

Recuerdos de cuando yo era.....

Me acuerdo de cuando era un libro. Lo que mas me gustaba era que me llevaran a todas partes. El lavabo, la cama, el parque, la mesa, el tren... Mi propietario o lector eventual, me abría con orgullo, en todos los sitios.
En el tren, a veces, el que estaba cerca, también me miraba, y husmeaba en mis páginas, con curiosidad, mohín, o una cierta complicidad. Hasta podía ver su sonrisa emergente, o el fruncir de unas cejas. Entonces, yo sabía que estas personas me habían leído antes, me conocían o me deseaban, unos nos querían, otros nos odiaban, a mi y a mi autor.
Era bueno poder descubrir que sentían los demás. Mi dueño, que pasaba mucho tiempo conmigo, me apretaba con fuerza, me regalaba lágrimas o el sudor de sus manos. A veces me acariciaba y hasta dormía conmigo. Era una relación tan grata, tan parecida al amor, que yo me sentía a la vez útil y feliz. Saber que si había sido un buen libro, podrían volver a leerme en cualquier momento, o aspirar a ser “libro de cabecera”, el mayor honor de los de mi especie.

jueves 19 de octubre de 2006

Recuerdos de cuando yo era.....

Mariposa:


Me acuerdo de cuando era un mariposa. Me gustaba ser frágil y hermosa. Cuantos colores y líneas en mis alas, cuanto de mundo recorrí volando, cuanta dulzura me llevé a los labios. Como antes fui flor, ahora sabía lo que sentía el libador, era un placer tan grande, sólo comparable a ser libado.
El batir de unas alas, también era un recuerdo anterior, pues ya había sido un ave. Pero esta vez fue distinto, había que ser delicada y rápida al mismo tiempo, mis alas finas, pequeñas, debían moverse ágiles y elegantes, con cierta fuerza para avanzar o estar quieta, moverme en circulo, danzar libre, posarme en minúsculos intervalos pero siempre batiendo.

martes 17 de octubre de 2006

milena


Milena es bella, dócil, armónica. Esta hija es un regalo, el mejor que me han hecho, éll único tesoro que poseo. Y yo que creía que era pobre, cuando tengo millones. MIllones de sonrisas me dan al despertar, millones de esperanzas todas para soñar, millones de razones para ser feliz, millones de sueños que esperar mi en esos ojos que miran a traves del futuro, millones de luces se encienden en mi alma cuando me intenta abrazar con bracitos torpes e inocentes. En fin, que tengo más de lo que nunca deseé, y soy millones de veces más feliz que nunca desde que el sol de mi pequeña calienta mi corazón con millones de rayitos de amor, puro amor.